La neurociencia ha demostrado que cada día repetimos alrededor del 90 por 100 de los pensamientos del día anterior y, al hacerlo, creamos el guion para el próximo capítulo de nuestra vida. Nuestras creencias determinan lo que es y lo que no es posible.
Nuestra escasez no depende de nuestras capacidades, sino que con demasiada frecuencia nos sentimos pequeños acerca de quiénes somos. Tus creencias sobre quién eres y tus posibilidades, condicionan todo lo que hacemos, cómo lo hacemos y lo que conseguimos. Todo cambio comienza cuando mejoras tú concepto de ti mismo.
Las creencias modelan nuestra actitud, nuestra visión del mundo, nuestras relaciones y, sin duda, nuestro futuro. Pero lo más importante es que tus creencias son algo que hemos aprendido, que no eres tú, sino lo que te han hecho creer de ti las personas que te han rodeado desde que eras pequeño. Las barreras solo se derriban cuando alguien cambia su forma de pensar sobre sí mismo.
Uno de los aspectos que más nos separan de la educación convencional que se sigue en los colegios es este trabajo, dirigido a que el alumno no desarrolle creencias limitantes. Los profesores/as retan continuamente a los alumnos/as a que lo intenten, a que se esfuercen para lograrlo (por eso en Montessori el error no penaliza, sino que es una palanca para mejorar). Y vosotros en casa tenéis que continuar con el trabajo que realizamos en la escuela. No educarle a tu hijo/a con creencias limitantes no es decirle que es el mejor, o que va a serlo, o que todo se consigue soñándolo y deseándolo con todas tus fuerzas; sino retándole continuamente a que lo intente, porque de esa forma, con esos “pequeños logros”, el niño va mejorando su concepción de sí mismo y sus posibilidades (modificando en el futuro su actitud ante el reto).